
Hubo un tiempo en el que deseo eran simples palabras con las que jugar en instantes de soledad.
En la sombra de esos minutos me imagine provocándote con mi espalda desnuda. Tú, sin rostro.
La sed de mis labios soñando tus besos…
Conociste el juego y quisiste apostar mis ojos, perdiéndote triunfante en una mirada que ya era tuya.
Seducción sin luz, tu pecho buscando con ansiedad el mío. El sexo perfecto en el roce de nuestras mejillas.
Tu boca desbordando miel en cada caricia…







